CUANDO ENVEJEZCAMOS

hands-compassionLo se, no es un tema agradable pero ninguno de nosotros está exento de esto. Tal vez algunos estamos mas conscientes que otros por la situación que nos tocó vivir con nuestros padres, pero para mi es algo que me mueve mucho.

A mi madre la amo con toda mi alma y trato de brindarle todo el cariño y la atención que merece. Ella es mi mejor amiga, lo fue desde que tengo uso de la razón, lo sigue siendo, y aunque a veces siento que debería darle más tiempo del que le doy, no siempre puedo  hacerlo.

Hoy mi amiga Laura posteó este texto en Facebook que me sacó las lágrimas y me hizo pensar. Es un texto muy real, yo misma lo he visto al observar la interacción de algunas personas hacia la gente grande. Creo que es un buen recordatorio para darnos cuenta que cualquiera de nosotros puede vivir algo similar. El texto esta al parecer escrito por una mujer mexicana nacida en Texcoco, de hecho me encontré varios videos en Youtube relatando el mismo texto. Lo comparto aquí, con todo el respeto debido a su escritora, Silvia Castillejos Peral. Para algunos podría parecer demasiado melodramático, pero para las mujeres que leen este post, que casi todas viven o han vivido algo similar con sus padres, esto puede calar profundo.

” El día que me volví invisible ”

No sé ni en qué día estamos.
En esta casa no hay calendarios, y en mi memoria los días están hechos una maraña. Me acuerdo de esos calendarios grandes, unos primores, ilustrados con imágenes de los santos que colgábamos al lado del tocador…

Ya no hay nada de eso, todas las cosas antiguas han ido desapareciendo.
Y yo, yo también me fui borrando sin que nadie se diera cuenta.

rocking chairPrimero me cambiaron de cuarto, pues la familia creció. Después me pasaron a otra más pequeña aún, acompañada de una de mis biznietas. Ahora ocupo el cuarto de los trabajos, el que está en el patio de atrás.

Prometieron cambiarle el vidrio roto de la ventana, pero se les olvidó, y todas las noches por allí se cuela un airecito helado que aumenta mis dolores reumáticos.

Desde hace mucho tiempo tenía intenciones de escribir, pero me he pasado semanas buscando una pluma, y cuando al fin la encontraba, yo misma volvía a olvidar en dónde la había puesto.

A mis años, las cosas se pierden fácilmente, claro que es una enfermedad de ellas, de las cosas, porque yo estoy segura de tenerlas, pero siempre se desaparecen.

La otra tarde caí en la cuenta de que también mi voz ha desaparecido. Cuando les hablo a mis nietos o a mis hijos, no me contestan. Todos conversan sin mirarme, como si yo no estuviera con ellos, escuchando atenta lo que dicen.

A veces intervengo en la conversación, segura de que lo que voy a decirles no se le ha ocurrido a ninguno y que les van a servir de mucho mis consejos, pero no me oyen, no me miran, no me responden. Entonces, llena de tristeza, me retiro a mi cuarto antes de terminar de tomar la taza de café. Lo hago así de repente, para que comprendan que estoy enojada, para que se den cuenta de que me han ofendido y vengan a buscarme y me pidan disculpas.

Pero nadie viene.

file0001182397099El otro día les dije que cuando muriera entonces sí que me iban a extrañar. El niño más pequeño dijo: “¿Ah… es que tú estás viva, abuela?”. Les cayó tan en gracia que no paraban de reír. Tres días estuve llorando en mi cuarto, hasta que una mañana entró unos de los muchachos a sacar unas llantas viejas y ni los buenos días me dio.

Fue entonces cuando me convencí de que soy invisible.

Me paro en medio de la sala para ver si aunque sea estorbo, pero mi hija sigue barriendo sin tocarme. Los niños corren a mi alrededor, de un lado al otro, sin tropezar conmigo.

Cuando mi yerno se enfermó, tuve la oportunidad de serle útil: le llevé un té especial que yo misma preparé. Se lo puse en la mesita y me senté a esperar que se lo tomara. Sólo que estaba viendo la televisión y ni un parpadeo me indicó que se daba cuenta de mi presencia. El té, poco a poco se fue enfriando. Mi corazón también.

Un viernes se alborotaron los niños y me vinieron a decir que al día siguiente nos iríamos todos de día de campo. Me puse muy contenta ¡Hacía tantos años que no salía, y menos al campo! Entonces el sábado fui la primera en levantarme. Quise arreglar mis cosas así que me tomé mi tiempo para no retrasarlos.

Al rato entraban y salían de la casa corriendo y echaban bolsas y juguetes al coche. Yo ya estaba lista y, muy alegre, me paré en el zaguán a esperarlos. Cuando arrancaron y el auto desapareció envuelto en el bullicio, comprendí que yo no estaba invitada, tal vez porque no cabía en el coche o porque mis pasos tan lentos impedirían que todos los demás corretearan a gusto por el bosque.

Sentí clarito cómo mi corazón se encogió. La barbilla me temblaba como cuando uno ya no aguanta las ganas de llorar.

TEDDIES 5Vivo con mi familia y cada día me hago más vieja, pero cosa curiosa, ya no cumplo años.

Nadie me lo recuerda. Todos están tan ocupados. Yo los entiendo, ellos sí hacen cosas importantes. Ríen, gritan, sueñan, lloran, se abrazan, se besan. Yo ya no sé a qué saben los besos. Antes besuqueaba a los chiquitos, era un gusto enorme el que daba tenerlos en mis brazos como si fuesen míos. Sentía su piel tiernita y su respiración dulzona muy cerca de mí. La vida nueva se me metía como un soplo y hasta me daba por cantar canciones de cuna que nunca creía recordar…
Pero un día mi nieta, que acababa de tener a su bebé, dijo que no era bueno que los ancianos besaran a los niños, por cuestiones de salud.

Ya no me les acerqué más, no fuera ser que les pasara algo malo a causa de mis imprudencias. ¡Tengo tanto miedo de contrariarlos!

Ojalá que el día de mañana, cuando ellos lleguen a viejos… Sigan teniendo esa unión entre ellos para que no sientan el frío ni los desaires.

Que tengan la suficiente inteligencia para aceptar que sus vidas ya no cuentan, como me lo piden.
Y Dios quiera que no se conviertan en “viejos sentimentales que todavía quieren llamar la atención”.
Y que sus hijos no los hagan sentir como bultos para que el día de mañana no tengan que morirse estando muertos desde antes… como yo.

Autor: Silvia Castillejos Peral

Nota: ¿que tanto te puede costar darle un poco de cariño y atención a una persona de edad? A veces sientes que nada más lo hace por molestar o por llamar la atención, pero si es así, ¿te has detenido a pensar que será de ti cuando ocupes su lugar?

Acerca de fortyplusblog

40+woman, professional known in the mexican fashion world, love to write about travels, fashion, beauty and life. mujer de 40+, reconocida profesional en el medio de la moda mexicana, amo escribir sobre viajes, moda, belleza y la vida.
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3 respuestas a CUANDO ENVEJEZCAMOS

  1. Muy triste que pase éso, la vida pasa y todos vamos para allá. Las personas mayores necesitan consideración, paciencia, generosidad valores que hemos perdido.
    Algún día pensé que cuál era sentimiento me era más doloroso, si ver a mi hijo crecer o ver a mis padres envejecer, ambos son naturales entonces por qué tanto sentimiento?
    Me dí cuenta que me dolía más ver a mis padres envejecer porque yo perdía el árbol fuerte que me protegía, que me solucionaba, que me cobijaba de todo y en su lugar yo tomaba ese rol, ahora yo era quien debía ser fuerte, para mi esposo, mi hijo y para mis padres!!! Se habían volteado los papeles y era normal, éso es lo que debemos hacer!!! con respeto y agradecimiento eterno a quien nos enseñó la vida, a ser fuertes y a mirar al cielo.
    Ahora he perdido a muchos de mis mayores, sólo me queda mi madre, a quien efectivamente no le dedico el tiempo que ella merece pero que trato de cuidar como uno de los tesoros más grandes que tengo!!!
    Gracias Dalia por recordarnos!!!

  2. Pingback: CUANDO ENVEJEZCAMOS | bettyppalmeros

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