UNA TIA COMO POCAS.

LA TIA MAME.

Creo que es poca la gente de nuestra generación que no haya visto esta famosa película que se hizo en varias versiones, la más famosa, la primera, en 1948, con Rosalind Russel y Forrest Tucker como protagonistas y otra de las más comentadas, en 1974 con Lucille Ball.

En México fueron cientos de funciones representadas por Silvia Pinal y en las cuales llego a trabajar en esta hasta su hija, la hoy famosa Alejandra Guzmán.

La trama trata acerca de un niño de diez años que queda huérfano en la América de 1920 y es puesto bajo la potestad de una dama excéntrica obsesionada por estar a la moda, vital, caprichosa, seductora y adorable. Junto a ella pasará los siguientes treinta años en una espiral incesante de fiestas, amores, aventuras y diversos golpes de fortuna. Y todo ello por la obra y gracia de una de las tías mas inolvidables que haya concebido nunca un escritor de esa época, cuyo perfume sentimos flotar en el aire, con las lágrimas presentes aún en nuestros ojos, mucho después de haber cerrado el libro o visto la película.

La trama está escrita por Patrick Dennis, el nombre del protagonista, lo cual nos hace pensar si realmente existió La Tía Mame o fué únicamente un producto de su imaginación.

Y aunque no lo crean, yo tuve a mi propia Tía Mame, mi tía Bey…

Una mujer muy especial, una segunda madre para mí. Mi tía era la única hermana mujer de mi padre, casada con un hombre muy serio pero el cual también me colmó de cariño desde bebé.

Cada vez que pienso en ella, la recuerdo como la mujer más exótica y hermosa. Yo sentía que era muy alta, con su largo y brillante cabello negro, así como sus ojos, cuerpo como una diosa, y siempre vestida con los atuendos más llamativos que resaltaban su belleza y su misticismo.

Su casa para mi, era un palacio. Su sala estaba llena de muebles tan exóticos como ella, el puff tapizado con terciopelo de tigre, el bar con los guerreros asiáticos grabados en la laca de sus paredes, los espejos que hacían que el espacio se viera enorme y que en ellos se mezclara la imagen de una niña extasiada entre sus mil maravillas. Las bancas del bar en las cuales estaban talladas las caras  de unas mujeres de labios enormes y las patas de éstas bancas terminadas en garras de tigre.

Que niño no quedaría impresionado ante algo así …ir a su casa era como ir a un castillo encantado.

Recuerdo que todos los domingos me llevaban al parque con ellos, y era tanta mi emoción que hasta el día de hoy solo recuerdo que era a mí a la que llevaban, aunque es muy probable que hayamos sido varios los primos que vinieron con nosotros….pero así de especial me sentía.

Para mí era tan única, que a mi forma de ver, mi tía tenía algo mágico que hacía que de sus manos salieran los atuendos más hermosos y vaporosos, sin darme cuenta que al no contar con todos los recursos económicos que ella hubiera querido, estaba acostumbrada a coser con sus propias manos los diseños más vanguardistas y a la moda.

Todo lo que la rodeaba era tan maravilloso, que yo no comprendía cuánto luchaba en realidad para salir adelante en la vida y que no le faltara sustento.

La tía Bey tenía ante mis ojos una tienda mágica, una suerte de tienda como la de Mr. Magorium, donde las cosas según esta niña cobraban vida y de la cual salían los vestidos y accesorios más increíbles (¿tendrá esto que ver también con la dirección que tomó mi vida hace unos años?) cuando en realidad era una pequeña tiendita, en una colonia nada glamorosa, donde mi tía vendía sus diseños hechos por costureras locales, en donde podías también conseguir desde los botones más increíbles hasta un par de medias de seda importadas, y por donde toda la gente que pasaba aprovechaba para saludarla y decirle cuanto la querían y cuanto la admiraban…y siempre me veían y me decían…tu tía es una mujer increíble.

Yo veía como la miraba la gente, los hombres con admiración y no solo por lo encantadora que era como persona, sino por su físico y su belleza, y las mujeres con cariño pero al mismo tiempo con un toque de envidia, sin saber la vida que llevaba junto a un esposo de carácter fuerte que quedó sordo desde muy pequeño.

Mi madre siempre me contaba que antes de conocer a mi papá, estaba ella en un baile muy importante a donde iba toda la gente bonita de Montevideo, y que de repente divisó entre la multitud a la mujer más exótica y llamativa que había visto en su vida, no había persona en el salón que no la mirara, su belleza, su forma de vestir, sus movimientos, su gracia y su soltura.

La tía Bey nunca perdió ese acento extranjero que la hacía más interesante aún.

Mi relación con ella siguió siendo toda la vida muy cercana, aún estando lejos físicamente, porque cada vez que nos veíamos era como si nunca nos hubiéramos dejado de ver.

Con los años seguía siendo esa mujer, tal vez con una belleza no tan salvaje, pero siempre con ese halo de misterio persiguiéndola.

Cuando cambié de carrera a los 19 años y me fui a Uruguay por unos meses, fue en su casa donde me alojé, y no puedo dejar de recordar sus palabras.

Me decía que debía hacer el amor antes de casarme para saber si realmente hacía click con mi marido (revolucionaria al máximo) Me contaba acerca de sus amores y en especial de uno que había dejado huella en su vida, un doctor muy importante….pero siempre me decía que se había casado con mi tío por su risa…porque tenía una risa hermosa y que eso la había hecho caer.

Y no puedo dejar de acordarme cuando me sermoneaba acerca de la importancia de tener un amante después de estar casada. No puedo siquiera imaginármela a ella teniendo un affaire, más aún en esa época donde un divorcio era únicamente en un caso extremo, pero pensándolo bien, no era nada extraño saliendo de la boca de mi tía.

Ella era la que me insistía, así como lo hacía la tía Mame, para que viviera la vida al máximo y que persiguiera la felicidad.

Desafortunadamente la vida le jugó una mala pasada, y mi tía enfermó de Cáncer algunos años después. Sus hermanos decidieron luchar mano a mano con ella, y fueron años muy difíciles en los que aún a mí me tocó tristemente vivir junto a ella los efectos que causaban  las quimioterapias y tratamientos.

Luchó por años contra la enfermedad, hasta que la primera vez que viajé a Uruguay con mis niños, decidió que estaba muy cansada y que ya no quería luchar.

Unos días después de llegar allá tuvimos que internarla, estuvimos con ella en el hospital, pero cuando me despedí para ir a dormir a mi hotel, sentí algo muy extraño…

Y al día siguiente me despertó una llamada diciéndome que se había ido.

Recuerdo que mi padre siempre me decía que yo era idéntica a ella en todo sentido…y cuanto me enojaba con él cuando lo hacía.

Hoy en día siento que lo decía como un elogio, porque mi Tía Bey, mi Tía Mame…fue un ser extraordinario.

Acerca de fortyplusblog

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2 respuestas a UNA TIA COMO POCAS.

  1. Lulú Gaona dijo:

    Yesssss!!! Gracias Dalia por el regalo de la trivia!!!! Siempre es un placer leerte, pero máas ser tu amiga,tqm. un beso😊😘

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